Santiago Márques Solís

Todos sabemos como empieza la película de “El Hobbit: Un viaje inesperado”. Bilbo un hobbit normal, con una vida corriente y aunque con antepasados gloriosos, lleva una existencia plácida y tranquila, y no gusta demasiado de sobresaltos. La llegada de los enanos a su casa a instancias de Gandalf, supone un giro en su vida, que hace que tenga que abandonar su plácido hogar y ponerse en camino para ayudar a la compañia de enanos en su lucha contra el malvado Smaug.

Lo que en un principio parece una secuencia de casualidades sin mayores consecuencias, iniciadas con el deseo de vencer al malvado dragón y recuperar el reino perdido, hace que ocurran por el camino una serie de hechos, que demuestran que el pretexto inicial, era solamente el punto de partida de una historia mucho mayor y que tiene su continuación con Frodo, en “El Señor de los Anillos”.

La moraleja que sacamos de estas obras maestras de Tolkien es que nada sucede por casualidad y todo de un modo u otro, sigue un plan precisamente trazado que aunque escapa a nuestra comprensión inicial, no por eso deja de existir y estar fina y sutilmente definido. Destino lo llaman muchos a esto.

¿Qué tiene todo esto que ver con la Blockchain? Mucho me temo. Hace unos años, un desconocido Satoshi Nakamoto publicó en un foro ciberpunk el manifiesto fundacional de Bitcoin. Durante un tiempo, pasó desapercibido para muchos, yo soy uno de ellos, porque aunque incluso nos acercamos a él y llegamos a leerlo y vimos que era algo muy interesante, al igual que Bilbo en “El Hobbit”, llevabamos una vida plácida y tranquila que no estabamos dispuestos a dejar de lado. Los fundamentos de Bitcoin, aunque sólidos, presentaban a este humilde lector, unas barreras de entrada tan enormes y un cambio tan disruptivo no solo para el modelo de medios de pagos dominante, sino para el sistema económico mundial, que directamente lo dejé apartado en el mundo de las entelequias, otra gran idea que nunca llegaría a materializarse en la realidad, o quedaría como vaporware, ese software que parece se está desarrollando pero que nunca nadie llega a ver realmente.

Sin embargo, me equivoqué, y Nakamoto fue capaz de movilizar a una pequeña comunidad para que se pusieran en marcha, no sólo desarrollando el cliente original, sino creando el germén de algo muchísimo mayor. Ideado como un sistema para resolver el problema del doble gasto en un entorno inseguro y entre actores que no confían entre ellos, la idea de la cadena de bloques y la prueba de trabajo, emergía como una solución a un problema hasta la fecha irresoluble. Satoshi había derrotado a Smaug y se alzaba como una opción real y alternativa para dinamizar los flujos de dinero tal y como estaban definidos.

Pero, la cadena de bloques es mucho más, y al igual que sucede en las novelas de Tolkien, nada sucede por casualidad. Gandalf lo sabía y por eso mandó a los enanos a casa de Bilbo, y Satoshi estoy seguro que también lo sabía. La Caja de Pandora se había abierto y ya nada podría ser lo mismo, porque la revolución de la Blockchain aunque había comenzado con uno de los elementos más importante, la eliminación del secuestro de la Entidad Moneda por parte de los Estados, permitía a partir de ahora, crear un nuevo abanico de aplicaciones y servicios, que es capaz de cambiar el funcionamiento de la Sociedad desde sus cimientos más básicos. Yo creo que en la mente de Satoshi estaba esto como objetivo, no solo conseguir que la moneda fuera libre, sino conseguir por primera vez en toda nuestra Historia, que seamos las propias personas las que se encuentren anonimizadas completamente, que sean libres y puedan relacionarse sin estar secuestradas por ninguna clase de Estado o Nación, y hacer realidad el Manifiesto Criptoanarquista de Timothy C. May.

Puedo que todo esto solo sea una ida de olla mía, pero al igual que Gollum con el Anillo, al ver la Blockchain solamente puedo decir “miiiii tessssooorrrooooo”.

Artículo en LinkedIn.


Santiago Márques Solís, CEO & Founder z-games ltd, Bitcoin and Blockchain Specialist